El creador de Blade Runner se acercó al cine distópico en una sangrienta peli de deportes que nadie conoce y que me parece de lo mejor del género

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Si alguna vez has sido un chaval medio normal, seguro que te has pelado la puntera de las zapatillas dándole patadas a una lata aplastada jugando con los colegas. Si vivieras en el futuro de Sangre de Héroes, le habrías dado patadas al cráneo de un perro y te habrían rajado la cara de arriba abajo con una cadena llena de pinchos oxidados. Así es la vida del jugger en esta joya del cine postapocalíptico, una de esas películas que, a pesar de su apariencia de serie B, creo que es uno de los mejores representantes del cine postapocalíptico que con tanto estilo abandera el bueno y lacónico Max Rockatansky. Un título que parecía condenado al olvido, pero que, cada vez que alguien como Hideo Kojima lo menciona en Twitter, vuelve a nuestra memoria como un golpe seco en la frente. Una película que yo vi por primera vez en una cinta desgastada del videoclub del barrio y que sigo recordando con auténtico cariño.
Una gema infravalorada en el postapocalipsis
Sangre de Héroes (The Salute of the Jugger en el Reino Unido y The Blood of Heroes en Estados Unidos) es una película que parece cumplir todos los requisitos para quedarse en el rincón de los VHS olvidados. Bajo presupuesto, estética áspera, un deporte ficticio ultraviolento, y un mundo destruido al más puro estilo Mad Max. Pero si te detienes a mirar con más atención, y te agachas para recogerla en la balda de abajo de la estantería del Blockbuster de tu memoria, verás que estamos ante una de las producciones más interesantes entre todas esas pelis de género que poblaron este subgénero de la ciencia ficción a lo largo de los años 80.
El director de esta brutalísima distopía no es otro que David Webb Peoples, que seguramente no te dirá nada de primeras, pero que es el tipo que firmó el guion de Blade Runner, Soldier, 12 Monos y Sin Perdón. Sí, esa Sin Perdón. Sangre de Héroes es su única incursión como director, y aunque su filmografía como realizador termina aquí, deja claro que la visión la tenía muy clara. En lugar de centrar la atención en explosiones o persecuciones, Peoples se entrega a construir un mundo coherente, duro, polvoriento, con normas sociales implícitas y un deporte tan absurdo como fascinante: el Jugger.
David Webb Peoples no te dirá nada, pero que es el tipo que firmó el guion de Blade Runner, Soldier, 12 Monos y Sin Perdón
La trama gira alrededor de un equipo de jugadores de un sangriento deporte, mezcla de balón prisionero y hockey, que viaja de pueblo en pueblo ganándose el sustento y el aplauso de los pocos supervivientes de este futuro distópico a cambio de sudor, sangre y de vez en cuando, un ojo de la cara o una extremidad. Estos equipos de cinco personas, cuatro con armas improvisadas hechas de chatarra, y un "Qwik", un jugador ágil cuya misión es clavar un cráneo de perro en una estaca antes que el contrario. El primer equipo que lo consigue, gana. El tiempo lo marca un tipo que golpea piedras contra una chapa de metal. Y cuando el último golpe suena, da igual cómo estés: si sigues en pie, ya es una victoria.

El poder de la resistencia
Una de las ideas que más me ha calado cada vez que vuelvo a ver Sangre de Héroes es la que subyace en su mecánica narrativa: para ganar, a veces basta con resistir el tiempo suficiente. Creo que es una lección vital interesante. No necesitas ser el más fuerte, ni el más listo, ni el más rápido. Solo necesitas no caer, aguantar un golpe más que el rival, apretar los dientes y seguir adelante.
No necesitas ser el más fuerte, ni el más listo, ni el más rápido. Solo necesitas no caer, aguantar un golpe más que el rival
En la película, esto se refleja de forma literal en los partidos de Jugger, donde los equipos no solo compiten físicamente, sino que miden su valía en piedras. Cada piedra representa un momento más de aguante, un segundo más sin rendirse. Y si logras durar más que cualquier equipo anterior, te ganas el respeto, la posibilidad de jugar en las "Nueve Ciudades", ese reducto urbano de élite donde todavía sobrevive algo parecido a la civilización y donde los Juggers pueden convertirse en algo más que carne de cañón: auténtico héroes.
Esta premisa, tan sencilla y poderosa, convierte a Sangre de Héroes en una especie de versión distorsionada y oxidada de Hoosiers: Más que ídolos o Rocky en el universo Mad Max. Es la historia del que ya no cree en sí mismo, del que lo ha perdido todo, y que solo tiene una cosa clara: si sigo jugando, no estoy muerto.

El precio de la ambición sin límites
Pero Sangre de Héroes no es solo un canto a la resistencia. También es una crítica, velada pero firme, al precio de la ambición desmedida. En ese mundo devastado, donde la comida escasea y la dignidad cuesta más que un trago de agua limpia, el éxito lo es todo, y quien llega a la cima no suele hacerlo sin ensuciarse las manos. De hecho, la joven protagonista de la película, Kidda, es capaz de poner en peligro la vida de sus compañeros de equipo solo por lograr una oportunidad que la convierta en una de estas estelares gladiadoras del futuro. El precio del éxito medido en tejido cicatrizal.
Ese mensaje de que todo vale con tal de llegar a lo más alto, tan propio de finales de los 80, en plena efervescencia del neoliberalismo más salvaje, nos habla de un sistema donde solo importa ganar. No importa si tienes que dejar atrás a tus amigos, vender tus principios o perder partes del cuerpo por el camino. Lo único que importa es entrar en la liga. Tener un nombre. Ser alguien. La verdad es que esta lectura de la película me intersa mucho menos que la de la venganza de Sallow, el otro protagonista de la historia, un jugador veterano que va a jugarse la vida no tanto por darle una oportunidad en la vida a Kidda, que sería lo comunmente aceptado por Hollywood, tanto como por vengarse de un amor perdido. Cuidado con el despecho postnuclear.
Aquí es donde la película me genera sensaciones encontradas. Porque por un lado, me emociona esa épica de los perdedores que luchan con uñas y dientes. La heroicidad de la resistencia. Pero por otro, me incomoda ese subtexto que parece decirnos que el fin justifica los medios, que hay que pisotear para ascender. Subir como meta vital, que si la vida no está en ascenso no merece la pena. Es una reflexión amarga, pero que encaja como un guante con el mundo desolado que retrata y que no deja de ser heredero de las consecuencias de nuestro actual modelo social y político.

Un reparto de culto y un legado inesperado
Si por algo Sangre de Héroes sigue viva en la memoria de quienes la vimos en su momento, es también por su reparto espectacular. Rutger Hauer (Roy en Blade Runner) interpreta a Sallow, el líder de un equipo de Juggers venido a menos. Un exjugador de la Liga, expulsado por enamorarse de una aristócrata. Es el clásico personaje duro y silencioso, lleno de cicatrices y dignidad, que Hauer interpretaba como nadie. A su lado, Joan Chen, en uno de sus papeles más físicos, interpreta a Kidda, una jugadora ambiciosa que no duda en arrancar una oreja con los dientes si hace falta. Según contó ella misma, el papel estaba originalmente pensado para una mujer tipo amazona, muy al gusto del cine de la época, pero se reescribió para adaptarse a ella y sus actitudes físicas. Su entrega y energía hacen que el personaje brille con luz propia.
Qué queréis que os diga, me gusta mucho más Sangre de Héroes que ese despropósito que fue Mad Max 3
El reparto lo completan nombres como Vincent D’Onofrio y Delroy Lindo, en papeles tempranos de sus carreras, y apariciones fugaces de actores vinculados a la saga Mad Max, como Max Fairchild y Hugh Keays-Byrne, que refuerzan esa conexión estética con el universo de George Miller, pero que si parpadeas te lo pierdes. Además, el diseño del vestuario, hecho con neumáticos, bambú, cuero y desechos metálicos, y la banda sonora mística de Todd Boekelheide, llena de percusión tribal y resonancias extrañas, contribuyen a crear un mundo creíble, peligroso y cautivador.
Y por si todo esto fuera poco, el juego inventado para la película ha trascendido la ficción. Hoy en día, Jugger se practica en ligas reales por todo el mundo, con versiones adaptadas que suavizan (por suerte) la violencia original. Pocas películas de culto pueden presumir de haber dado pie a un deporte real. Con todo, qué queréis que os diga, me gusta mucho más Sangre de Héroes que ese despropósito que fue Mad Max 3.

Una experiencia que va más allá del videoclub
La historia de esta película también es la historia de muchas otras joyas olvidadas del videoclub. Fue un fracaso en taquilla, con críticas demoledoras que la tachaban de vacía y repetitiva. el mundo no estaba preparado: solo con el paso de los años, y gracias al circuito doméstico, ha ido ganando reconocimiento entre los fans del género. Os recuerdo que no mucho antes la crítica se cepilló a Blade Runner, La Cosa o Videodrome.
David Peoples creó aquí un mundo desolado pero profundamente humano, una historia sencilla de redención y ambición que se esconde bajo la apariencia de un deporte absurdo con un cráneo canino como dura pelota. Puede que no tenga el prestigio que creo que merece, pero siempre recomiendo Sangre de Héroes como una película que es mucho más interesante de lo que parece. La crítica no supo entenderla en su momento, pero eso no significa que no merezca ser redescubierta. Es más, te animo a hacerlo ya mismo, porque Sangre de Héroes está disponible en Filmin, y pocas veces tendrás la oportunidad de reencontrarte con ese tipo de cine que, entre polvo, chatarra y sangre, sabe hacerte preguntas interesantes: ¿tú eres de aguantar para sobrevivir o de morir para ganar?
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La noticia
El creador de Blade Runner se acercó al cine distópico en una sangrienta peli de deportes que nadie conoce y que me parece de lo mejor del género
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3DJuegos
por
Chema Mansilla
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