En 1995, la NASA se puso a drogar arañas con anfetaminas, marihuana y la más devastadora: cafeína

En 1995, la NASA se puso a drogar arañas con anfetaminas, marihuana y la más devastadora: cafeína

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Llevamos décadas experimentando con animales. Pese a la cuestión ética, y que cada vez vemos más productos veganos que implican que no se ha producido experimentación en animales, hasta las grandes tecnológicas recurren a este método. Y en 1995, la NASA realizó uno de los experimentos más curiosos para medir la toxicidad de las drogas.

Y lo hicieron drogando arañas.

Midiendo la toxicidad. No es que alguien se despertara un día y se preguntara qué ocurriría si diésemos LSD a las arañas. O bueno, exactamente eso es lo que ocurrió, pero por un buen motivo y no por diversión. En 1948, el investigador Peter N. Witt quería ayudar a su colega H. M. Peters, un zoólogo que quería modificar el horario en el que sus arañas de laboratorio se ponían a tejer las redes.

Para ello, administró sustancias como LSD, mescalina (alucinógeno), anfetaminas, cafeína y estricnina (estimulante como la cocaína) a los artrópodos y descubrió algo: el horario no cambió lo más mínimo, pero sí los patrones de las telarañas. Dependiendo de la droga administrada, el patrón cambiaba, y esa revelación sirvió como modelo económico para probar el impacto neurológico de drogas y tóxicos en sistemas vivos.

¿Por qué arañas? El problema es que el sistema nervioso de los artrópodos es diferente al nuestro, por lo que no sirve para sacar conclusiones cuando queremos probar efectos en humanos, pero sí es interesante conocer cómo esas sustancias psicoactivas influyen en su organismo. En 1995, la NASA, inspirada por el experimento de Witt, escogió arañas para una nueva investigación, pero también lo hizo por una cuestión ética.

Querían medir el efecto tóxico de diferentes compuestos, pero sin recurrir a mamíferos u “organismos superiores”. Necesitaban un organismo sensible y fiable, pero que no fuera controvertido. Además, las arañas son perfectas porque sus telarañas siguen patrones fijos e instintivos que, como ya demostró Witt, era extremadamente sensible a las alteraciones químicas.

El experimento. Bautizado como “Using Spider-Web Patterns To Determine Toxicity”, el experimento consistió en exponer a diferentes arañas europeas de jardín a diversas drogas. Para ello, disolvían cierta cantidad de las drogas en agua azucarada y la administraban directamente a la araña a través de la boca o mediante moscas alimentadas previamente con la solución.

Una vez administrada, dejaban que cada araña tejiera a su aire y, posteriormente, fotografiaban la telaraña que había tejido, comparando esa creación con fotografías de telarañas que esas mismas arañas habían elaborado antes de aplicar la droga.

Si te drogas, no tejas. Los resultados hablan por sí solos:

Drogas en arañas

Además, la metodología fue más estricta que la que llevó a cabo Witt medio siglo antes al emplear herramientas estadísticas para medir cambios en el número de lados completos de las ‘celdas’ de cada telaraña y la regularidad general del diseño. En otras palabras: dosis altas de cafeína, por ejemplo, y porque es el que produce el resultado más caótico, generaron patrones desorganizados e incompletos. Hasta las dosis más bajas ya permitían observar irregularidades en la telaraña que permitieron a los investigadores correlacionar la toxicidad con la morfología del tejido.

Consecuencias. No hay que ser un genio para ello, pero cuanto mayor era la toxicidad, más incompleta y caótica resultaba la telaraña. Pero lo más importante es que esta metodología tan exhaustiva de la NASA convirtió el experimento en una alternativa a las pruebas tradicionales de toxicidad, sobre todo en un escenario que, como decíamos, cada vez tenía menos tolerancia a las pruebas con otro tipo de animales. Eran pruebas biológicas, sí, y también se administraban químicos a seres vivos, pero de una forma poco invasiva y sin perder la rigurosidad.

Y, precisamente, la visibilidad de este trabajo ayudó a que el debate sobre la ética animal aumentara aún más, evidenciando que se podían utilizar métodos alternativos, pero económicos, con resultados rigurosos y replicables, siendo más éticos que otros modelos que se hacían -y se siguen haciendo-.

Al igual que el de Witt, el experimento de la NASA proporcionó información muy valiosa, pero no aplicable a humanos, debido a las diferencias entre el sistema nervioso de un humano y otros animales… y el de los artrópodos. Por ejemplo, la cafeína provoca un caos total en las arañas, pero en los humanos, aunque no es buena si queremos tomar ciertas decisiones, no produce los mismos efectos.

Imagen | Das Morton

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La noticia En 1995, la NASA se puso a drogar arañas con anfetaminas, marihuana y la más devastadora: cafeína fue publicada originalmente en Xataka por Alejandro Alcolea .