Así despertó el Enjambre. El oscuro origen de la raza más temida de StarCraft

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En el enormísimo universo de StarCraft, tres razas se disputan la supervivencia y el control de la galaxia. Seguro que todos (o casi todos) las conocéis: los humanos exiliados Terran, los místicos y avanzados Protoss, y los temibles Zerg. Esta última raza, conocida también como el Enjambre Zerg (o el Enjambre a secas), tiene fascinados a los jugadores desde su primera aparición en 1998, gracias a su tremenda brutalidad, su rápida capacidad de evolución y su molesta inteligencia colectiva.
Pero detrás de los colmillos, la mutación y la proliferación de cada vez más y más miembros del enjambre, hay una historia de manipulación, creación y traición. Como podéis sospechar, los Zerg no surgieron de forma natural sino que fueron moldeados, en parte, por una antigua raza que seguro habéis oído nombrar alguna vez; los Xel’Naga. Vamos a explorar los orígenes del Enjambre Zerg, su conexión con los Xel’Naga y cómo ese legado inicial aún define cada uno de sus movimientos.
Los Xel’Naga: arquitectos de la vida (y del conflicto)
Como decíamos, para entender a los Zerg, primero hay que hablar de los Xel’Naga. Los Xel’Naga son una civilización ancestral y extradimensional obsesionada crear vida. Su filosofía se basa en el equilibrio entre dos principios: la pureza de forma y la pureza de esencia. Básicamente, su objetivo era encontrar o crear una especie que cumpliera ambos ideales para finalmente fundirse con ella en una nueva forma de existencia superior —bastante creepy, sí—.
En su búsqueda, los Xel’Naga viajaron por el universo creando y manipulando vida. Así dieron origen, por ejemplo, a los Protoss en el planeta Aiur, quienes representaban la pureza de forma con su mente súper avanzada y esa conexión psíquica que los hace tan increíbles. Pero los Protoss resultaron ser demasiado individualistas y orgullosos y se rebelaron contra sus creadores rechazando toda guía y consejo existente.
Fue entonces cuando los Xel’Naga buscaron el otro extremo: una especie que representara la pureza de esencia, o sea, que tuvieran una biología adaptable y que se pudieran evolucionar sin límites. Así encontraron el planeta Zerus… y con él, a los Zerg primigenios.

Zerus no era un planeta muy hospitalario que se diga; era un mundo salvaje lleno de criaturas feroces que evolucionaban constantemente para sobrevivir. En ese ecosistema letal vivían los Zerg originales, quienes eran unas criaturas pequeñas, como los insectos del planeta tierra. No tenían una mente pensante superior ni una estructura social compleja, pero sí que poseían una capacidad única: podían absorber los rasgos genéticos de otras especies y adaptarse rápidamente a nuevas condiciones. Esta obsesión biológica por la perfección fue lo que llamó la atención de los Xel’Naga.
Pero estos Zerg primigenios, tal como estaban sin mente suprema ninguna, eran totalmente caóticos. Para convertirlos en una herramienta más poderosa, los Xel’Naga manipularon su biología hasta crear un centro de control psíquico: la Supermente (Overmind).
Este nuevo ente era más que una inteligencia central. Era realmente un ser que podía dirigir a millones de organismos como si fueran una sola entidad sin distracciones. La Supermente fue creada con un solo propósito, el de guiar al Enjambre hacia la pureza perfecta de esencia. Pero también fue implantado con un objetivo secreto: buscar y fusionarse, en última instancia, con los Protoss. Así, los Xel’Naga lograrían su meta: unir forma y esencia en una sola raza.
El Enjambre toma forma
Bajo el liderazgo de la Supermente, los Zerg dejaron de ser un grupo caótico y desorganizado y se convirtieron en un verdadero enjambre. Comenzaron a consumir y asimilar otras especies de Zerus, integrando sus habilidades en una cada vez mayor jerarquía biológica.
Con el tiempo, el Enjambre se volvió lo suficientemente poderoso como para devorar el planeta entero. La Supermente, que era consciente de su propósito pero también de su propia libertad y de su propio poder, elaboró un plan secreto. Entendió que sus creadores podían ser una amenaza… y se los cargó. Así de fácil.
Tal como lo oís; los Zerg se llevaron por delante a los Xel’Naga que los crearon, al menos a los que estaban físicamente presentes en Zerus. Esto es uno de los giros más oscuros del lore del juego, la creación destruyendo a su creador, no por odio, sino por su propio diseño. Libre entonces de toda supervisión, la Supermente miró un poquito para arriba, hacia las estrellas, y entre ellas vio Aiur, el mundo de los Protoss.

Así comienza la historia que se desarrolla en los juegos originales de StarCraft (1998) y Brood War (1999). Los Zerg, siguiendo la directiva de la Supermente, viajan por el espacio consumiendo planetas y perfeccionando su genoma. Su objetivo oculto es alcanzar Aiur y asimilar la forma perfecta de los Protoss.
Sin embargo, para lograrlo, la Supermente comprende que necesita un instrumento más flexible, un híbrido entre Zerg y humano. Ese es el pensamiento que trastocará la vida de Sarah Kerrigan, una guerrera Terran capturada por el Enjambre y transformada en la Reina de Espadas. Aunque esta parte ocurre más adelante en el tiempo narrativo, representa una segunda etapa evolutiva clave: la capacidad del Enjambre de asimilar inteligencia y libertad.
Kerrigan, como figura, termina volviéndose más poderosa que la Supermente en sí misma, pero ese es otro tema. Lo importante en este contexto es que el impulso original de los Zerg —lo de consumir a otros, adaptarse, perfeccionarse y trascender— es el resultado directo del diseño Xel’Naga.
¿Una raza libre… o esclavizada desde el inicio?
Una de las ironías trágicas del lore de los Zerg es que su aparente libertad —su rechazo hacia los Xel’Naga y su posterior asesinato— está contaminada desde el principio. La Supermente, su primera conciencia real, fue implantada realmente con un propósito oculto, o sea que la esencia misma del Enjambre fue manipulada.
Aun así, los Zerg han conseguido pasar un poco por encima de ese legado. Con la llegada de Kerrigan como líder y más adelante con las decisiones de personajes como Zagara o Abathur, los Zerg comienzan a tener unos objetivos y un propósito propios. Ya no solo buscan la fusión ideal sino que quieren sobrevivir, controlar y rediseñar su destino.
En la saga de StarCraft II, la figura de los Xel’Naga regresa, y con ella la revelación de que —sorpresa, sorpresa— no todos fueron destruidos. Entidades como Amon, un Xel’Naga que cayó en la corrupción, reactivan ese antiguo conflicto entre la manipulación genética y el libre albedrío. Los Zerg vuelven a ser la pieza clave, pero esta vez tienen voz propia.
El Enjambre, nacido como una simple herramienta se ha convertido en un actor autónomo. No por accidente, sino porque la misma evolución que los define les impide permanecer estancados. Ya hemos visto que su historia no es solo la de una raza alienígena, sino que es una reflexión sobre el poder, el diseño, y el deseo de liberarse de un propósito que les fue impuesto.
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La noticia
Así despertó el Enjambre. El oscuro origen de la raza más temida de StarCraft
fue publicada originalmente en
3DJuegos
por
Bárbara Gimeno
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