Nunca te habías planteado por qué estos juegos enganchan tanto y parece ser que la respuesta está en nuestro ritmo de vida

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En esta época tan hostil en la que vivimos, tan marcada por la hiperconectividad, la necesidad constante de ser productivos y la urgencia crónica, ha florecido un pequeño rincón bucólico en la cultura digital: el cottagecore.

Lo que empezó como una simple corriente estética en redes sociales —ya sabéis, con cestas de mimbre, vestidos vaporosos y desayunos de ensueño junto a una ventana con cortinas de encaje y vistas a una montaña verde, verde— ha ido mucho más allá de lo visual. Se ha convertido en una forma de mirar el mundo, o al menos, de imaginar otro un poco distinto al actual.

Y, como suele ocurrir con toda tendencia emocional potente, los videojuegos no tardaron en abrazar esta nueva corriente, y hay un terreno donde esta invasión campestre ha sido especialmente fértil: el de los juegos móviles. Allí, en la palma de nuestra mano, florecen diariamente huertos digitales, rutinas relajantes y mundos donde el tiempo pasa despacio, las tareas son siempre reconfortantes y el estrés no tiene lugar.

El hogar perfecto en miniatura

Uno de los exponentes más reconocibles de esta tendencia es Pocket Love, un juego que podría definirse como un simulador de vida tremendamente adorable en un espacio reducido. El jugador crea una pareja —minipunto para ellos, porque tienen opciones LGTBQ+ desde el principio— y se instalan en una casita diminuta, que iremos decorando y ampliando con muebles de colores pastel, plantas colgantes, gatitos dormilones y cafeteras retro. No hay conflictos ni facturas que pagar. Solo amor, mudanzas y tazas humeantes sobre una mesa de madera.

Pocket Love Pocket Love, una propuesta muy cottagecore

El diseño visual se inspira totalmente en el cottagecore: colores suaves, texturas reconfortantes, flores silvestres, cortinas de tela clarita, libros abiertos encima de la mesa y un largo etcétera. Pero no solo su estética bebe del cottagecore, sino que también lo hace su estructura emocional. En Pocket Love no hay presión, las tareas se completan a nuestro ritmo y todo lo que se gana sirve para embellecer el espacio, no para sobrevivir. Por tanto, la sensación de progreso está ligada al confort, no al desafío.

Más allá del look, es un juego que permite jugar a lo que, para muchos, se ha vuelto un anhelo inalcanzable: una vida lenta, ordenada y llena de amor, en la que cada pequeño detalle —una lámpara nueva, un desayuno compartido, un beso de buenas noches— tiene valor propio.

En una línea similar, aunque con un humor un tanto más surrealista, Tsuki’s Odyssey nos ofrece un vistacillo a la vida tranquila de un conejito melancólico que abandona su rutina en la ciudad para mudarse al campo. Hereda una casa en un pueblo remoto, hace amigos animales, cultiva zanahorias y se pasea sin hacer gran cosa más que disfrutar de la vida. Y eso está mejor que bien.

A diferencia de otros títulos, aquí el jugador no tiene control total de lo que pasa. Tsuki actúa por su cuenta y tú vas observando. Puedes influir en ciertas decisiones, pero el juego avanza aunque no hagas nada. De hecho, invita al no hacer. Se trata de mirar, de acompañar y de esperar a que el conejito lea un libro, se quede dormido o se bañe bajo la lluvia.

Lo más potente de Tsuki’s Odyssey no está en su gameplay, sino en su tono. Una chispa de humor seco, de contemplación y de ternura. Realmente no hay ninguna moraleja. Solo una declaración silenciosa de que la lentitud, el aburrimiento y la melancolía también tienen que tener un lugar importante en nuestra vida.

Tsuki's Odyssey Tsuki's Odyssey es una verdadera delicia cottagecore

Visualmente, el juego es un cottagecore de manual, por supuesto, con esas casitas de madera, linternas de papel, campos ondulados y atardeceres pastel. Pero emocionalmente va un paso más allá al proponernos un estilo de vida alternativo, sin ruido, sin éxito, sin propósito… y aún así profundamente reconfortante.

Cottagecore a gusto de todos

Quizá uno de los juegos más populares —y más estéticamente cottagecore de todos— sea Cats & Soup. En él, un grupo de gatitos vive en medio de un bosque encantador donde se dedican, básicamente, a cocinar sopa. Cada gato tiene su propio puesto de trabajo: unos pelan zanahorias, otros mezclan los ingredientes y otros sirven los platos.

Por supuesto, el bosque que los rodea está lleno de detalles visuales que parecen sacados de una cuenta de Instagram aesthetic de ilustraciones bonitas: luciérnagas, hongos gigantes, teteras colgantes, puentes de madera llenitos de musgo y un larguísimo etcétera.  La música es suave, casi ni la notas, y el ritmo de juego es exactamente el que tú quieras, ya que puedes avanzar un poco más rápido o dejarlo abierto de fondo mientras haces otra cosa. Cats & Soup también incorpora elementos de personalización, coleccionismo y pequeñas metas que se pueden alcanzar con poco esfuerzo, lo que nos hace sentir genial. Y todo está enmarcado dentro de una estética llena de calidez, ternura y naturaleza.

Aunque puede parecer simplemente una moda visual, el cottagecore es también una forma de resistencia estética. Nació y se popularizó en plataformas como Tumblr y TikTok, y este movimiento romántico idealiza la vida rural, la autosuficiencia, la conexión con la naturaleza y la belleza de lo cotidiano. Es, en cierto modo, una respuesta al agotamiento del mundo moderno y todo lo que él implica como la velocidad, el consumo desmedido y la competitividad.

En los juegos de móviles ya hemos visto que este espíritu se traduce en experiencias lentas, suaves y sin ningún tipo de consecuencia negativa. Son juegos que nunca nos castigan, ni nos juzgan ni nos exigen demasiado. Son juegos donde todo lo que haces es, de alguna manera, bonito.

Cats and soup Cats and soup es uno de esos juegos relajantes a más no poder

El cottagecore, en su vertiente interactiva, ofrece algo todavía más valioso: la fantasía de una vida tranquila casi detenida en el tiempo. Y lo hace en un dispositivo que suele estar asociado al estrés, ya que nos mantiene siempre conectados, ya sea al correo del trabajo, o a las notificaciones infinitas de nuestras redes sociales. Esa contradicción es, precisamente, parte de su potencia: convertir el móvil —ese símbolo moderno de la urgencia— en una ventana a un mundo donde no pasa nada… y todo está bien.

¿Juegos o escapismo emocional?

Es bastante tentador ver estos juegos solo como un mero entretenimiento, pero su éxito sostenido —con millones de descargas, comunidades activas e incluso merchandising— revela algo que va mucho más allá, revela una necesidad colectiva de crear espacios seguros, suaves y manejables. En un mundo cada vez más complejo, los juegos cottagecore nos ofrecen unas reglas simples, una belleza amable y unas recompensas emocionales prácticamente inmediatas.

Claro que no se trata solo de evasión. También hay en ellos una forma de autoconocimiento e incluso de regulación emocional, ya que suponen una pausa consciente. Jugar a Pocket Love antes de dormir, regar nuestro huerto de Cats & Soup con una taza de té en la mano o simplemente ver a Tsuki mirar por la ventana, se convierten en microactos de bienestar.

El auge del cottagecore en móviles no parece, desde luego, una moda pasajera. Al contrario; se expande, se mezcla con otras estéticas (goblincore, fairycore, cluttercore) y llega cada vez a más géneros. Desde simuladores de hogar hasta pequeñas aventuras narrativas, la idea de un mundo suave, estéticamente armónico y emocionalmente sencillo está calando bien hondo.

Y en un contexto donde todo compite por llevarse nuestra atención, estos juegos ganan precisamente por no exigírnosla. Así que la próxima vez que desbloquees el móvil y el mundo parezca demasiado, ya sabes qué hacer: planta una zanahoria, decorar tu casa con papel de flores o mirar al horizonte digital con cara de conejito existencial. Al fin y al cabo, hoy en día no hay nada más revolucionario que no hacer nada.

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La noticia Nunca te habías planteado por qué estos juegos enganchan tanto y parece ser que la respuesta está en nuestro ritmo de vida fue publicada originalmente en 3DJuegos por Bárbara Gimeno .